Finales felices. Entre las falacias universales que ella siempre asumió sin cuestionar su fundamento, la de los finales felices era la más absurda. Comieron perdices y siempre se amaron, y parecía que el resultado de la ecuación fuese indiscutible, definitivo. Nada de preguntas sobre cuanto dura el amor, la felicidad es siempre fraccionable en vidas, años, meses. Incluso días. Hasta el final inevitable, el de ellos dos.
dimecres 24 de desembre de 2008
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